sábado, 7 de mayo de 2011

Galeno todo terreno

Por: Abelardo Oviedo Duquesne
Fotos: Randy Alonso Pagés

Si Hermes, el dios mensajero de la divinidad griega, debe entregar una misiva al doctor Ramón Ricardo Aguilera invertirá mucho tiempo en encontrarlo en el gimnasio de halterofilia del Centro de Entrenamiento Cerro Pelado porque, sin vestir la bata blanca, el galeno parece un competidor dotado por los dioses helénicos. Para nada esa evaluación constituye una exageración. Justamente es el resultado de una conducta.

A los nueve años de edad el holguinero tuvo, por primera vez, los “hierros” en sus manos y se mantuvo fiel a esa disciplina. El comienzo fue un tanto inusual. Jorge Zaldívar, su vecino, era un ferviente practicante y todas las tardes realizaba una fuerte ejercitación en el patio de su casa. Mientras ello sucedía, en el terreno adyacente el niño observaba los movimientos de aquél deportista por cuenta propia.Un día recibió una sorpresa. Jorgito, como le dicen a su paisano del barrio Alcides Pino, lo invitó para que también descubriera las verdades del mundo de los discos y las palanquetas. Más tarde, también absorbió los consejos de Rafael Alemán, su profesor de cuarto grado, cuya pasión por levantar peso desbordaba cualquier pronóstico.

A diferencia de otros, el fiñe de la localidad cercana a la Loma de la Cruz, solo dedicó sus esfuerzos al levantamiento de pesas, pues otras especialidades encandilaban menos sus retinas. Por su elocuente consagración obtuvo un puesto en los equipos de su provincia concursantes en lides entre las Escuelas de Iniciación Deportiva Escolar (EIDE), Juegos Escolares Nacionales y Juveniles.Y luego, conformó los conjuntos de la facultad de Ciencias Médicas participantes en los Juegos Galenos. Compitió en la cita universitaria hasta un año después de graduado, como lo permite el reglamento. Camagüey, en 1990, fue el escenario de su despedida del deporte activo. Allí agregó tres sub liderazgos, en la división de los 75 kilogramos, a los diez títulos cosechados en toda su trayectoria como deportista. Pero continuó intacto su mejor rendimiento personal, alcanzado cuando pertenecía a las categorías inferiores: 120 en arranque, 150 en envión para un total de 270 kilogramos.

¿Inexplicable decisión?
Por qué estudiará medicina y no Licenciatura en Cultura Física y Deporte, preguntaron muchos cuando supieron que el jovencito encaminaría su vida profesional por el sector de La Salud. Sin embargo, esa postura no sorprendió a Don Ramón, su padre, ex trabajador de del servicio especial de taxis de la nororiental provincia cubana, ni tampoco a Doña Cecilia, su mamá, una ama de casa con calificación de diez puntos sobre una escala de igual rango. Ambos conocían que el abuelo Enrique (padre de Cecilia) siempre le hablaba de la importancia que tenía un médico, en su tiempo, para las familias de escasos recursos económicos porque él, además de integrar el grupo de campesinos frecuentemente desalojados por la guardia rural, sufrió a causa de ver niños enfermos cuyas familias carecían de dinero para llamar al médico y luego comprar la medicina.

El holguinero evita ser mediático. Dice una añeja frase que a la tercera va la vencida. Bohemia esperaba que, en el peor de los casos, ese dígito significara las negativas de Ramón para establecer el diálogo. Falsa la especulación. El intercambio empezó tras cinco solicitudes.

La primera parada
"La etapa de estudiante universitario fue muy bonita y la recuerdo con mucho agrado. Además de los temas de medicina interna, sentía preferencia por la pediatría, cirugía y ortopedia. Concluí los estudios en 1989 con un promedio de 4,12 puntos. Inmediatamente de terminar, gané una de las plazas asignadas a los graduados para cumplir misión internacionalista. Antes de viajar a Zambia recibí una preparación sobre diferentes áreas de trabajo.

“El entorno de Chipata es muy similar al de Pinares de Mayarí. Ese paisaje contribuyó a disminuir la inevitable nostalgia que surge cuando uno está lejos de casa. En esa nación africana crecí profesionalmente, porque traté enfermedades como el paludismo, la tuberculosis, patologías que nunca había enfrentado; y presencié, a muy corta distancia, las consecuencias del VIH (SIDA) en los seres humanos.

Improvisada familia
“Mi primer paciente fue un hombre joven, de 25 años, que solo tenía dos gramos de hemoglobina. Le apliqué el tratamiento adecuado y le dije que podía regresar a su casa. Él permaneció en el lugar por largo tiempo, porque no tenía dinero para tomar el autobús, ni zapatos para caminar los 40 kilómetros que lo separan de la aldea donde vivía. Entonces, me lo lleve para la casa donde radicaba. Le regalé un par de zapatillas y el dinero para transportarse. Un mes después volvió a la consulta con su esposa. Estaba mejor de salud. En señal de agradecimiento trajo un gallo de su cría para regalármelo. Les propuse hacer una comida familiar y los retuve hasta el día siguiente en mi hospedaje.

Daniel…inolvidable
“Un día recibí a Daniel. Tenía cinco años y una insuficiencia cardiaca a causa de una severa anemia. En el hospital no había sangre y él balbuceaba unas palabras. Le pregunté a la enfermera y me dijo: “Le pide que no lo deje morir.” Lamentablemente su grupo sanguíneo era diferente al mío. Durante la noche perdió lentamente la respiración hasta que falleció.

Los hombres de negocios…
“Antes de regresar disfruté de un intento de soborno. Con el objetivo de que atendiera solamente a sus familias, un grupo de hombres de negocios pusieron frente a la casa un auto VW de ese año (1991); además, la propuesta de un contrato para una clínica privada y una estancia de seis meses en una residencia con todos los gastos incluidos. Perdieron su tiempo.

De vuelta al barrio
“Entre 1992 y 1996 compartí de nuevo con los coterráneos, pues en el policlínico Alcides Pino del barrio realicé los estudios de Medicina General Integral (MGI). En ese período aumenté mis conocimientos porque hasta aprendí acupuntura y terapia neural. Ese último método lo empleo frecuentemente para tratar las lesiones.

Entre dos aguas
“Al mismo tiempo que llegó la posibilidad de integrar la comitiva médica cubana para brindar colaboración en Sudáfrica, me otorgaron la segunda especialidad: Medicina del Deporte. Comencé las prácticas en el segundo año con el seleccionado juvenil de levantamiento de pesas del país. En 1998, aún siendo residente, la federación cubana le pidió a la dirección del Instituto de Medicina del Deporte (IMD) mi traslado para el conjunto nacional de mayores que se preparaba para los Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe de Maracaibo, Venezuela.

“Ese período de trabajo fue muy importante. Durante los Juegos Deportivos Panamericanos de Winnipeg, Canadá, en 1999, algunas personas quisieron desacreditar el prestigio del deporte cubano y acusaron a los pesistas de consumir nandrolona. Junto a otros compañeros conformé un equipo de trabajo dirigido por el Comandante en Jefe Fidel Castro. Mi responsabilidad fue demostrar, mediante el control médico del entrenamiento, la falsedad de lo planteado por el laboratorio antidoping de aquella ciudad canadiense.

Tirando al aro
“Las dos temporadas con el equipo femenino de baloncesto (2001-2003) resultaron ventajosas. Investigué sobre el metabolismo aeróbico y junto a la doctora Ana Doris Ramírez establecí una prueba destinada a medir la potencia anaeróbica lactacia en las muchachas. Ese resultado tuvo alcance, pues le sirvió a los técnicos para perfeccionar la filosofía de juego.

Comprometido con resultados importantes
“A finales del 2003 se crearon grupos de trabajo para atender a los posibles medallistas del atletismo en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004. Me asignaron a Osleydi Menéndez. Estuve junto a ella todo el tiempo y logró la medalla de oro 71,53 y el record de la competencia.
“Al año siguiente atravesé por una situación delicada. Unos días antes de empezar el campeonato mundial en Helsinki, Finlandia, ella sufrió una ruptura en el músculo tibial anterior de la pierna izquierda, el imprescindible para el último gesto de esas extremidades antes del lanzamiento. La infiltré con terapia neural y le recomendé que hiciera el mayor esfuerzo en el primer intento. Cumplió la indicación mía y ratificada por su entrenador. Alcanzó el título, así como la cota mundialista con 71,70 metros.

Otra vez “complicado”
“Hace poco tiempo que existe una preselección nacional de levantamiento de pesas, clasificación femenina. Las integrantes tienen buena salud debido a la excelente cohesión del colectivo pedagógico en cuanto a los sistemas de entrenamiento. Ello propicia el desarrollo técnico y evita el surgimiento de lesiones. Estoy muy comprometido con ese conjunto porque sus técnicos solicitaron mis servicios a los directivos del IMD. No soy obsesivo con el control biomédico del entrenamiento. Me considero persistente, observador y constante. Guardo copias de las pruebas que aplico y ellas me sirven, entre otros detalles, para comparar un deporte con otro y para iniciar trabajos investigativos."

Criterio irrefutable
“Todas las profesiones tienen sus máximas. Aquellos que las vulneran ponen en riesgo trayectorias importantes. Para un médico resulta ineludible aliviar, provocar el signo de alegría en un paciente.

Las enseñanzas de casa
“La vida moderna marcha a un ritmo vertiginoso, trepidante. Pero ello no justifica obviar las enseñanzas aprendidas en la casa. Nunca olvidaré el carácter humanista, solidario, de mi abuelo porque incidió positivamente en mí y estudié la carrera de medicina. Tampoco borraré de mi memoria la persistencia de mi mamá para mantenerse firme en los planes trazados. Ni la verticalidad de mi papá para defender los principios de la sociedad cubana.”

Laureado otra vez
Justamente cuando febrero decía adiós sesionó la jornada científica del Instituto de Medicina del Deporte. En la sala magistral, y en otros salones del vigorizado recinto, coincidieron los trabajadores de los diferentes departamentos de la Institución, en pos de conocer la trascendencia de los análisis de sus compañeros.
Uno de los ponentes laureado fue Ramón Ricardo por su trabajo Ruptura muscular tratada con terapia neural. La investigación demuestra la eficacia de esa terapéutica y la evidencia científica la constituye las imágenes ecográficas antes de ser aplicada y cuatro días después. En ese lapso ya estaba curada la lesión de Tamara Hernández, capitana del seleccionado de levantamiento de pesas.

Aunque es considerado un galeno todo terreno, todavía Ramón debe subir algunas pendientes para convertirse en otro de los preferidos de Zeus, rey de los dioses del Olimpo. Acceder a la cima de una le otorgará el título de Doctor en Ciencias de la Cultura Física y el deporte. Conquistar la otra cumbre, el acceso a una categorización docente y luego estampar sus huellas en la formación de nuevos colegas.

2 comentarios:

Mabe dijo...

Dr Ramon E,Ricardo Aguilera , que continue tu alza por la tierra,
sin olvidar a la abuela Oliva de la Vibora y al Pediatra Dr, Cardenas, UN saludo
M.CArdnenas Zuñiga

Ramon Enrique Ricardo Aguilera dijo...

Gracias Mabel, gracias Obelardo.