miércoles, 1 de agosto de 2007

Idalmis Gato, fuera del tejado


Abelardo Oviedo
Foto René Pérez Massola

Sin dudas, Idalmis Gato siente especial orgullo de ser cubana y de pertenecer al grupo de aquellas voleibolistas que tomaron el batón de las que se adjudicaron el primer cetro mundial en San Petersburgo, Unión Soviética, en 1978.
Es una de las Espectaculares Morenas del Caribe. Jamás perderá ese mote, porque aquella constelación de estrellas dominó aquí, allá y acullá en la década de los años 90 y, además, regalaron un sello único en su quehacer sobre las canchas cubiertas /y no/ de material sintético.
La Gato conformó, además, en un equipo vitoreado, aplaudido y amado todas las latitudes del planeta y, al cual, ningún experto, absolutamente ninguno, dudaría en calificar hoy como Equipo de Ensueño.
El despegue de la carrera deportiva de la esbelta morena, oriunda de la provincia de Camagüey, ocurrió en 1987. Entonces le dieron la bienvenida en la preselección nacional. Y no perdió tiempo para conquistar un espacio. Dos años más tarde integraba el representativo élite de la Isla a eventos de envergadura:
“Dudé que hiciera el grado porque existían atletas como Josefina O’ Farrill, Lázara González, Imilsis Téllez, Magalys Carvajal, Tania Ortiz, Mercedes Calderón, Norka Latemblet y Lili Izquierdo.
“No fui a la Copa del Mundo de 1989, pues carecía de la debida experiencia competitiva. Después de la Copa obtuve una plaza.
“Durante la etapa activa en el deporte, una juega muchas competencias en diferentes escenarios, pero siempre algunas te dejan huellas para toda la vida. Nunca olvidaré la de los Juegos Olímpicos Barcelona, en 1992, por varias razones. Una, porque ganamos. La otra, porque nuestros entrenadores, Eugenio George y Antonio Perdomo, arriesgaron mucho.
“ A esa importante cita concurrieron otras jóvenes como Regla Torres, Marlenis Costa, Ana Ibis Fernández y Raisa O’ Farrill. Unos años después relacioné aquella decisión de ellos con un parecer de Charles Chaplin: “Me gustan mis errores y no quiero renunciar a la deliciosa libertad de equivocarme.”
“Ninguna de nosotras, precisó la Gato, tampoco olvidará el Campeonato Mundial de Brasil, en 1994. Sabíamos que lo ganaríamos, porque en las temporadas anteriores habíamos vencido a los rivales allí presentes en distintos eventos.
“Estábamos muy unidas en torno a esa meta, aunque las adversarias también llegaron en óptima forma deportiva; tuvimos en cuenta que las brasileñas atravesaban por un buen momento competitivo y jugaban en su patio. Tampoco soslayamos la incidencia de su torcida.
“Las enfrentamos en el partido decisivo y, como esperábamos, fue muy alta la presión desde las gradas. Cuba Morirá, decían algunos carteles en la sala Ibirapuera de Sao Paulo. También la televisión y la radio les aumentó el ego. Casi todas las estaciones repetían constantemente que seríamos derrotadas. Siempre ignoraban que la década de los años 90 le pertenecería a Cuba por la juventud y experiencia de sus jugadoras.”
UN RECESO
“Tuve un receso involuntario. Estuve algún tiempo en el voleibol de playa. Luego regresé al de sala. Pasé un momento duro en la eliminación para los Juegos Olímpicos de Sydney. No me consideré parte del equipo hasta el día que llegué a la Villa Olímpica. Fui la mujer más feliz del universo cuando conquistamos la tercera medalla de oro”, añadió Ia atacadora.
Idalmis Gato, además de integrar un elenco lujosísimo, está complacida de su estancia en el voleibol “porque commpartí con jugadoras imperecederas para el mundo de la disciplina”. Lamentablemente, no figura entre los cien mejores deportistas de la Isla en la pasada centuria, pese a su terna de títulos olímpicos. No obstante, sigue en la vida que el voleibol le enseñó a querer y amar.

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